Qué es el “derecho a reparar”

El movimiento que podría ahorrarte miles de pesos con tu iPhone, una orden ejecutiva impulsada en EE.UU. por Joe Biden empuja una idea: que los teléfonos sean más fáciles de arreglar.

 

El derecho a reparar es una idea que intenta combatir la obsolescencia programada de los teléfonos celulares, laptops y dispositivos electrónicos: esa capacidad que tiene todo de romperse y de que sea muy difícil de arreglar, al punto que los gigantes tech nos obligan a comprar otros.

 

La discusión está implantada en todo el mundo, con movimientos que apuntan a demandarles a compañías como Apple, Samsung o Sony que hagan sus dispositivos más accesibles. Sucede que las marcas prefieren, ante la “miniatuirización” de la tecnología, retener esta capacidad dificultando el acceso.

 

Lo interesante es que estos planteos se están debatiendo de manera muy fuerte en los Estados Unidos, donde tiene incluso el apoyo del presidente, Joe Biden: a mediados de año firmó una orden ejecutiva orientada al right to repair.

 

Lo cierto es que el tema existe desde hace años, pero la discusión hizo muy fuerte a medida que más productos se vuelven cada vez más sofisticados y se integran con componentes electrónicos.

 

De hecho lo que comenzó como una demanda por la electrónica de consumo masivo (celulares, laptops, computadoras) también se trasladó a la industria pesada: durante esta última semana hizo mucho ruido una protesta por el derecho a reparar tractores en las zonas rurales de Estados Unidos.

 

 

 

 

De hecho, en Argentina hay movimientos que se dedican a combatir estas dificultades que se pueden generar durante una reparación: “El problema no es el consumo eléctrico de los equipos, sino más bien lo que cuesta hacer los productos tecnológicos. Por eficiencia energética y huella de carbono, y por los recursos que utilizan”, explica a Clarín Sergio Rondán, docente y periodista del colectivo Cibercirujas.

 

“No podemos seguir en una lógica de consumo regida por la idea de que todo es descartable: tampoco alcanza con el derecho a reparar. A las GAFAM les conviene que todo se cambie todo el tiempo, si podemos entender que los dispositivos se pueden reparar, vamos a tener otro tipo de relación con la tecnología”, agrega el militante del software libre.

 

En la Universidad Nacional de Córdoba, por ejemplo, funciona un programa que se llama RAM: Renovación y Actualización de Máquinas (en un juego de palabras con la memoria RAM, la que se usa para abrir programas en los teléfonos y computadoras).

 

A nivel mundial, Steve Wozniak, co-fundador de Apple, planteó la discusión con un video que hizo a mediados de año explicando por qué apoya al movimiento: una paradoja si se piensa que hoy, la compañía que creó junto a Steve Jobs, monopoliza y pone trabas en los arreglos de terceros.

 

Steve Wozniak apoya el “derecho a reparar”

 

El co-fundador de Apple explicó por qué los dispositivos deben ser accesibles.

 

¿Qué es el derecho a reparar?

 

La idea es simple: si comprás algo, tenés el derecho a repararlo o mandarlo a reparar por tu cuenta. No tenés que quedar obligado a que el desarrollador oficial sea el único capacitado para hacerlo.

 

Lo interesante es que el usuario promedio está acostumbrado a esto cuando se trata de otros bienes: si al auto se le rompe una suspensión, ¿tiraríamos el auto y lo cambiaríamos por otro, o lo mandaríamos al taller?

 

Si pinchamos una cubierta con la bicicleta: ¿vamos a la bicicletería a poner un parche o tiramos la bicicleta y la cambiamos por otra? Con la electrónica debería suceder lo mismo.

 

El problema es que todo lo que tiene “una computadora” o un chip detrás empieza a complicar la ecuación. Sobre todo porque los que manufacturan los productos suelen poner etiquetas dentro de ellos que, si se rompen, hacen que se pierda la garantía oficial: nuevamente, el intento de las grandes empresas es retener el control sobre el dispositivo.

 

En Estados Unidos se están dando pasos hacia adelante en la teoría, pero la práctica complica las cosas. Legalmente, a los compradores estadounidenses ya se les permite reparar lo que compren, pero cuando efectivamente intentan hacerlo se encuentran con que no hay información o faltan piezas para poder hacer las reparaciones.

 

Es ahí donde el movimiento del right to repair expone sus demandas:

 

  • Que las compañías pongan información a disposición
  • Que los usuarios puedan comprar herramientas para reparar
  • Permitir el desbloqueo de los dispositivos
  • Que el diseño sea proclive a la reparación

Del otro lado, las compañías sostienen que para cumplir con estas demandas la tecnología debería seguir siendo “grande”, lo cual es, para este movimiento una falacia: la miniaturización no necesariamente debería ir acompañada de obstrucción.

 

En síntesis, el movimiento del derecho a reparar intenta promover que el diseño tenga en cuenta la posibilidad de ser reparado.

 

¿Qué quiere hacer Biden?

 

La orden ejecutiva que emitió Biden a mitad de año apunta a cubrir las protecciones al consumidor en cuanto a reparaciones independientes.

 

Una página de la orden dice: “Se alienta a la FTC [Comisión Federal de Comercio] a limitar a los fabricantes de equipos poderosos para que no restrinjan la capacidad de las personas para usar talleres de reparación independientes o hacer reparaciones DIY [Do it Yourself, “hágalo usted mismo”], como cuando las empresas de tractores impiden que los agricultores reparen sus propios tractores”.

 

El derecho a reparar tiene también un sentido ecológico. No se trata sólo de cuidar el bolsillo del consumidor, sino frenar la enorme cantidad de dispositivos que se producen (y desechan) año a año.

 

Grupos ecologistas sostienen que las leyes en el sentido de la reparabilidad son un progreso hacia el ahorro de emisiones de carbono y el uso de los recursos de manera más inteligente: según estudios, los europeos producen 16 kilos de desechos electrónicos por persona anualmente.

 

“Para producir equipos hay que reventar el medio ambiente. Es importante que los dispositivos se puedan reparar para aumentar la vida útil: la mayor huella de carbono está en la fabricación”, explica Rondán a Clarín.

 

Así, el derecho a reparar es un paso adelante de tener más control sobre lo que se compra y, de alguna manera, de frenar la impresionante cantidad de emisiones que la producción de tecnología genera.

 

“Hay que usarlos hasta que no se puedan usar más”, sentencia. Y el camino hacia ello es el derecho a reparar.

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